noticias-antioquia 27 octubre, 2020



Unos 102.000 niños y adolescentes de colegios y jardines infantiles del país abandonaron sus estudios en medio de la pandemia de la covid-19, de acuerdo con cifras publicadas por el Ministerio de Educación.

Así lo dio a conocer este lunes la cartera en un informe sobre los efectos de la pandemia en la continuidad en el sistema educativo, que si bien se muestra mucho más favorable con respecto a las previsiones iniciales de asociaciones de colegios y padres que alertaban de una posible deserción por encima del 20 por ciento, los números no dejan de ser preocupantes.

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Según datos registrados en el Sistema de Matrícula (Simat) del Ministerio, actualmente se encuentran matriculados 9’395.018 menores en el sistema educativo, ya sea en colegios oficiales o privados. Sin embargo, se encontró que entre los meses de marzo (inicio de la emergencia sanitaria) y agosto, 102.880 de ellos se retiraron.

Esto quiere decir que la deserción a causa de la pandemia se estima en un 1,1 por ciento, lo que representa más de la tercera parte de la deserción total de 2019, que fue de los 2,99. Esto causa preocupación dado que por lo general los mayores índices de abandono del sistema educativo se registran no a nivel intraanual (durante el año escolar) sino interanual (en el cambio de año).

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Con esto, expertos temen un importante retroceso con respecto a los avances de los últimos años, ya que desde el 2017, cuando la deserción fue del 3,08 por ciento, este indicador había estado a la baja. También dificultaría el cumplimiento de la meta trazada por el Gobierno Nacional, que es llegar al 2,7 por ciento en el 2022.

Así lo cree Leonardo Ramírez, analista experto en educación básica y media: “La cifra dada por el Ministerio, de por sí preocupante, sigue siendo conservadora. Como ocurre con estos análisis, los datos reales los estaremos viendo a inicios de 2021 y seguramente veremos una tasa de deserción por encima de los 3 puntos, claramente un retroceso respecto al año anterior. Y es necesario ser claros en que se trata de un problema que venía en mejoría, pero nadie estaba preparado para el impacto de la pandemia”.

Y es que la medición tiene fecha de corte de agosto y para llegar a ella las secretarías de Educación han venido haciendo una verificación niño por niño, lo que permite que los cálculos sean más precisos, pero también más demorados.

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Otras mediciones, también realizadas por el Gobierno, señalan que la afectación sería mucho más alta. De acuerdo con la Encuesta Pulso Social realizada por el Dane en 23 ciudades capitales del país, el 87,4 por ciento de los hogares continuaron las actividades educativas o de aprendizaje en casa desde que se cerraron los colegios en marzo. Sin embargo, el 4,5 por ciento señaló que no pudieron continuar con la formación académica de sus hijos.

Por su parte, según estimaciones de la Confederación Nacional de Padres de Familia, realizadas por medio de sondeos internos, las cifras serían dramáticas. Así lo mencionaron a EL TIEMPO dirigentes de esta organización: “Estimamos que la deserción puede llegar incluso al 7 por ciento, porque los menores pueden seguir figurando ante el Simat como matriculados sin que en ningún momento se haga el reporte de que el niño dejó de estudiar. Ese porcentaje puede corresponder a cerca del 3 por ciento de la población estudiantil”.

El impacto en el sector

En el informe, el ministerio reconoce algunos factores que estarían incidiendo en la decisión de abandono por parte de los estudiantes y padres de familia. Entre ellos se encuentran los problemas de conectividad del país, las dificultades económicas de las familias, el impacto diferencial entre colegios públicos y privados, así como la edad y el nivel educativo de los menores que dejan el colegio.

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Llama especial atención el caso de los jardines infantiles. Si bien no existe una cifra oficial al respecto, según la Asociación Nacional de Preescolar y Educación Inicial, para el mes de agosto tan solo en Bogotá el 20 por ciento de las instituciones de este tipo habían cerrado sus puertas porque sus estudiantes se retiraron.

“Los problemas financieros míos y de mi esposo fueron muy fuertes, por lo que tuvimos que reducir gastos. Nos tocó sacar a nuestro hijo del jardín y esperaremos uno o dos años para volverlo a meter”, sostiene una madre de un niño de tres años que hizo llegar su testimonio a EL TIEMPO.

Muchos otros casos similares, y de todos los niveles educativos fueron recibidos por este diario, como el siguiente: “Mis hijos (de bachillerato) dejaron de estudiar porque no tienen cómo. No hay computador ni internet para las clases, y encima no tenemos para pagar la pensión. Por eso preferimos sacarlos del colegio”.

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Ante esto, el Ministerio destacó diferentes estrategias lanzadas para garantizar la permanencia en colegios y jardines infantiles, como la entrega del PAE en casa; el Fondo Solidario para la Educación, que incluye, entre otras, un apoyo para pago de pensión, el cual tendrá continuidad en 2021; así como las alternativas para continuar dando clase por radio, televisión y guías físicas.

Deserción en educación superior fue menor de lo esperado

Al igual que ocurrió en el caso de los colegios, la deserción en las universidades ha estado por debajo de las previsiones realizadas al inicio de la emergencia, de acuerdo con una encuesta realizada por el Viceministerio de Educación Superior, en la que participaron el 86 por ciento de las instituciones de educación superior (IES) del país, que reúnen al 95 por ciento de la población estudiantil.

En dicho estudio se encontró que el 70 por ciento de las instituciones del país señaló que la deserción para el segundo semestre de 2020 fue inferior al 10 por ciento.

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Estos números resultan alentadores, en especial si se tiene en cuenta que al principio de la pandemia organizaciones como la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún) proyectó la deserción en las IES alrededor del 25 por ciento. A esto debe sumarse que desde el año 2016 las matrículas en la educación superior venían a la baja.

Una mirada más a detalle reveló que las IES públicas resultaron mejor paradas que las privadas. En el sector oficial el 70 por ciento de las universidades no percibieron cambios significativos en la disminución en sus matrículas de pregrado e incluso el 45 por ciento reconocieron un crecimiento en su matrícula para este segundo semestre.

Esto se debe, entre otras cosas, a los alivios financieros logrados con recursos del Gobierno Nacional, gobiernos locales y las mismas instituciones, con lo que se logró en algunos casos la gratuidad en la matrícula.

Por su parte, el sector privado se vio más afectado, aunque por debajo de las previsiones iniciales de Ascún. Según la encuesta, el 30 por ciento de IES privadas tuvieron reducciones en sus matrículas inferiores al 10 por ciento, e incluso algunas señalan no haber reducido su número de estudiantes. Pese a ello, el 13 por ciento de las IES refieren disminuciones en matrícula superiores al 30 por ciento.

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Este comportamiento favorable se debe en parte a los descuentos que muchas universidades hicieron por motivo de la pandemia, que incluso llegaron a ser del 50 por ciento. Instituciones con importante componente virtual como el Politécnico Grancolombiano y Areandina, por mencionar algunas, incluso lograron incrementar sus alumnos. También, sostiene Mineducación, fue importante el plan de alivios a beneficiarios del Icetex y el programa Generación E.

‘El país no estaba preparado para dar educación de calidad desde casa’

Cuatro preguntas a Carlos Ballesteros, presidente de la Confederación Nacional de Padres de Familia.

¿Por qué algunos padres han sacado a sus hijos de los colegios?

Para las familias esta ha sido una situación difícil. Algunos casos es porque económicamente es imposible continuar con los gastos educativos por temas de desempleo, y esto es más acentuado en grados de preescolar.

Otras veces el padre retira a su hijo porque no puede pagar la pensión o porque no cuenta con Internet o un computador y es más fácil sacar a los niños y esperar a que todo se normalice para que puedan ir presencialmente. Y encima, no hay un ambiente de confianza. Los padres no confían en el tipo de educación que reciben sus hijos desde sus casas, y además no estábamos preparados.

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¿Cree que la pandemia acentuó el problema de la deserción?

Lo aceleró y lo continuará haciendo, porque hay efectos colaterales, una reacción en cadena. Los padres sacan a sus hijos, los colegios y jardines tienen dificultades económicas, algunos quiebran y quedan más niños sin estudiar. También está el tema de la calidad, que ha empeorado.

¿A qué se refiere con la disminución de la calidad durante la pandemia?

Como nos cogió por sorpresa, el país no estaba preparado para dar educación de calidad desde casa. No había una estrategia clara con anterioridad que orientara la educación virtual o con alternancia en todo el país, todo se hizo sobre la marcha, y eso claramente afecta la calidad.

A esto sumemos que los maestros de colegios públicos y privados no estaban calificados para asumir el reto. Los mismos docentes dicen a los padres que no cuentan con formación en informática y herramientas digitales para dar clase en línea. Además, el 35 por ciento de los maestros son mayores de 60 años, próximos a pensionarse, y este cambio ha sido muy duro para ellos, y los niños se ven afectados.

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¿Qué efectos ve a futuro de esta situación?

Una consecuencia directa va a ser que los padres que ya no puedan pagar pensión inscriban a sus hijos a colegios públicos. Esto va a ser problemático porque de por sí ya hay salones con más de 40 estudiantes en las aulas.

Se necesita un verdadero salvavidas porque el sector público no tiene capacidad para atender a esta población y el sector privado está seriamente amenazado.

MATEO CHACÓN ORDUZ
REDACCIÓN EDUCACIÓN

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