noticias-antioquia 17 octubre, 2020



Cada día, Andrea Sanabria y su hijo Rafael, de 8 años, realizan ejercicios en el patio del conjunto en donde habitan. Bailan, saltan, hacen flexiones en el piso y mueven sus piernas y brazos con rapidez. Su objetivo es mantener una vida equilibrada y evitar el incremento de peso, especialmente durante esta pandemia de coronavirus, que confinó por varios meses a millones de personas en el mundo.

Su jornada comienza con un calentamiento básico y luego practican ejercicios guiados.

“A mi hijo no le gustaba la cátedra de Educación Física; por lo que empezamos a hacer ejercicios juntos. Me he dado cuenta de que en ese tiempo se divierte mucho más”, comenta la madre de 32 años.

Esta actividad -detalla- dura 30 minutos y la realizan tres veces por semana. Este tiempo está por debajo de lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS). La entidad publicó una guía para mantener la salud y el bienestar de niños y adolescentes durante la emergencia sanitaria.

Así, los menores de 5 años deben realizar cualquier actividad física durante 180 minutos al día. Mientras que quienes tienen entre 5 y 17 deben cumplir con 60 minutos diarios.

“La intensidad debe ser moderada o alta; y tres días por semana se debe incluir ejercicios de fortalecimiento de músculos y huesos”, explica el deportólogo Carlos Blum.

En la pandemia -acota- no se ha cumplido y se evidencia un incremento de peso de hasta 5 kilos en los estudiantes. “Es alarmante”.

El especialista recomienda a padres y madres dar el ejemplo y realizar actividades físicas con los chicos. “Todos deben caminar, correr, ciclear, hacer aeróbicos y bailoterapia. Habrá mayor motivación”.

Silvana Moya, nutricionista del centro Nusavi, coincide: en casa los adultos tienen que poner el ejemplo con hábitos saludables.

En la alimentación -apunta- los progenitores deben ser más selectivos y mejorar su estilo de vida. “Hay que comprar comida fresca (frutas y verduras) en lugar de productos elaborados (snacks o enlatados)”.

También deben evitar charlas estigmatizantes sobre obesidad o sobrepeso. Esto puede provocar desórdenes alimenticios. “Desde los 5 años, los chicos pueden interiorizar ese tipo de conceptos que les afectan en la adolescencia”.

Estos comentarios se han descartado en la casa de Helena. La niña, de 10 años, subió cerca de 1 kilo durante la cuarentena. Esto generó preocupación en su familia, por lo que decidieron practicar más actividad física para evitar un aumento mayor de peso. Hoy suben y bajan gradas, saltan la cuerda y bailan. “Ella necesita más movimiento; es una niña muy activa, por lo que el confinamiento la impactó mucho más”, cuenta la mamá.

Una duda que tiene la madre es cómo alimentarla. La nutricionista Sara Mafla señala que no hay un plato ideal, ya que cada infante es también un mundo. El reto es conocer qué es bueno y no para ellos y qué requerimientos nutricionales tienen para alcanzar un equilibrio, según su contextura.

El plato -dice- debe contener proteína; no solo de origen animal (carne, pollo o pescado) sino vegetal (leguminosas, tofu o frutos secos). Además, no debe satanizarse a los carbohidratos, que son parte importante de la alimentación. Su aporte es brindar energía al cuerpo, para caminar, correr e incluso, para pensar. “Los niños deben consumirlos para que su cerebro esté activo”.
Bajo estos preceptos, Mishel Ortega, de 28 años, cría a sus hijos Martín y Sarahí, de 12 y 9 respectivamente.

Luego de sus clases virtuales, los pequeños corren y juegan fútbol en el patio. Su esposo y ella separan un tiempo en sus agendas para acompañarlos. “Nos ejercitamos y alimentamos de forma saludable, aunque -reconoce- sí comemos algunos postres en el mes. Tratamos de equilibrarnos”.