noticias-antioquia 6 junio, 2020



La pandemia obligó al mundo a incorporar la mascarilla en su atuendo cotidiano. Marcas internacionales como Givenchy y adidas lanzaron sus propuestas. Lo propio sucedió con emprendimientos locales, que se volcaron a la confección de estos accesorios para mantener sus negocios a flote y ofrecer un producto de bioseguridad acorde con sus clientes.

Juan Carlos Guamán, diseñador de Jackie Carvajal, decidió probar materiales y patrones para confeccionar mascarillas cuando sus clientes empezaron a cancelar o posponer sus pedidos de ropa. Una vez que llegaron al diseño que consideraron el mejor, con ajuste a la parte de atrás de la cabeza, hicieron un pedido de telas antifluidos que pueden lavarse hasta 50 veces sin perder sus propiedades.

Eligieron azul, negro y blanco, pues, según explica Guamán, el mercado quiteño suele ser muy conservador. Sin embargo, poco a poco sacaron otros colores y estampados que fueron aceptados muy bien por su clientela. “La gente en la cuarentena entró en un estado depresivo y el color transmite otro tipo de energía, por eso pensamos en alternativas”, dice el diseñador.

La diseñadora de modas Belén Guedez, quien tiene una tienda de accesorios para novias, también decidió cambiar el giro de su negocio debido a la pandemia. “No podía dejar en el aire a mis empleados”, dice, así que se asesoró para crear un producto seguro, cómodo y estético. Otra característica que buscaba es que sea reusable, para disminuir su impacto en el ambiente.

Esta marca trabaja con dos tipos de telas antifluidos. La una puede lavarse hasta 25 veces sin que pierda sus propiedades, mientras que la otra puede lavarse máximo 40 veces. Además, tiene tres líneas de mascarillas. La primera es la estándar blanca; la segunda es la empresarial, que puede contar con el logo de la empresa o el nombre del colaborador; la última es la estampada.

Tecnología. Cu. Gallery diseña con base en la seguridad y la estética, con materiales resistentes y estampados. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

Cu. Gallery es una tienda y colectivo cuencano de artes aplicadas que también se vio afectado. “El diseño pasó a ser algo menos necesario”, reconoce José Machado Gutiérrez, dueña de la tienda. Entonces, empezó a investigar sobre cómo reactivar el espacio. La confección de mascarillas fue la respuesta.

La comodidad y la sustentabilidad ambiental fueron factores importantes en el diseño. Además, se tomó en cuenta la estética. “La ropa es una segunda piel y la gente está buscando bioseguridad con identidad”, dice la artista.

Entonces, Cu. Gallery hace mascarillas con telas antifluidos que pueden lavarse hasta 20 veces y con estampados de fauna, flora y otros patrones.
La marca de moda femenina Toska confecciona mascarillas con estampados creados por la artista Lisa Torske. Elementos como flores, mariposas y volcanes ecuatorianos son parte de los diseños. “Trabajamos con la gráfica icónica del Ecuador para generar una especie de orgullo en la población ecuatoriana que está bastante golpeada”, dice Arabel Torske, hermana de la artista y directora de la marca.

Los tapabocas de Toska tienen tres capas. La exterior es de tela antifluidos, la del medio es un no tejido y la interior es de algodón. Las propiedades de la tela antifluidos se aseguran hasta las 25 lavadas. Sin embargo, Torske dice que la mascarilla se podrá seguir usando después, porque el material no tejido seguirá brindando la protección necesaria.

Diseño. Las mascarillas de Toska se combinan con cintillos. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

Diseñadores y confeccionistas a lo largo del país están haciendo sus propuestas con diferentes textiles para suplir la demanda. Estos productos son los sugeridos para la comunidad, con el fin de evitar el desabastecimiento de equipos médicos. “Los cobertores de tela pueden ralentizar la propagación del virus y evitar que la gente contagiada lo transmita a otras personas”, respalda el Centro para el control y prevención de enfermedades (CDC) de Estados Unidos.