noticias-antioquia 31 mayo, 2020



La piel de los anfibios podría almacenar el tratamiento para una variedad de enfermedades causadas por virus, bacterias y hongos. Estos animales, considerados farmacias vivientes, son estudiados en Ecuador por su potencial en el campo de la biomedicina.

Luis Coloma, director del Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios, explica que las ranas tienen una piel “única”. Esta es como una membrana que está en contacto directo con el agua, tierra y aire. Para protegerse de los patógenos que se encuentran en estos ambientes, han desarrollado distintas moléculas que funcionan como un escudo.

Los péptidos son unas de estas moléculas que están formadas por la unión de varios aminoácidos. Actualmente, son analizados por su capacidad para contrarrestar enfermedades, que es el aspecto que continúa sorprendiendo a los investigadores en el Ecuador.

El Centro Jambatu cuenta con un biobanco de secreciones de pieles de anfibios, que es parte de un proyecto del Ministerio del Ambiente para la conservación de estos animales y el uso sostenible de sus recursos genéticos.

En este lugar se almacenan los 1 221 extractos de 247 especies, incluyendo 57 especies amenazadas, para determinar los péptidos que contienen. El proceso consiste en estimular a los anfibios para que liberen el componente. Las secreciones son congeladas a -70°C y se mantienen en esas condiciones hasta su análisis.

Coloma explica que se encuentran en la fase inicial de caracterización molecular de algunos de estos extractos y “hay hallazgos prometedores”. Hasta el momento se han encontrado al menos 53 péptidos en la Cruziohyla calcarifer.

Investigadores extraen la secreción de piel de la rana Agalychnis spurrrelli en el laboratorio para analizar sus propiedades y conocer sus efectos. Foto: Cortesía Luis Coloma/ Centro Jambatu

Carolina Proaño, directora del Laboratorio de Biología Molecular y Bioquímica de la Universidad Amazónica Ikiam, cuenta que en total se han identificado 94 nuevos péptidos en las tres especies más estudiadas: Cruziohyla calcarifer, Agalychnis spurelli y Boana picturata.

De estos, 42 tienen actividad microbial, 16 vasoactiva, 18 son inhibidores de proteasas y 18 tienen una actividad desconocida. Proaño explica que, debido a sus propiedades, estos podrían servir como estructuras claves para el desarrollo de nuevos tratamientos contra enfermedades virales y parasitarias como el VIH, hepatitis C, dengue, gripe y malaria. También tienen potencial biomédico en el tratamiento de la hipertensión, insuficiencia cardíaca congestiva, Alzheimer y cáncer.

Proaño recuerda que se requiere estudiar alrededor de 10 000 compuestos para lograr identificar uno que pueda convertirse en una droga de aplicación médica. La investigación puede tomar al menos 15 años con una inversión estimada de USD 2,6 billones.

Miryan Rivera, investigadora principal en el Centro de Investigación para la Salud en América Latina (Ciseal) de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, cuenta que hasta el momento se han descrito más de mil péptidos de anfibios con potencial uso biomédico en el mundo.

Ecuador es el país que cuenta con el mayor número de especies de anfibios por metro cuadrado a escala mundial, por lo que existe una gran posibilidad de encontrar una variedad de moléculas que puedan aportar al tratamiento de enfermedades.

Rivera explica que el proceso para identificar el potencial de estos péptidos incluye diversos análisis en laboratorio. Después de la recolección de las secreciones de la piel, primero se prueba la acción de estos con bacterias estándar o no resistentes. Si las matan, se realiza el procedimiento con las multirresistentes.

En esta etapa, se compara la reacción de las bacterias ante 20 antibióticos convencionales y el efecto que causa la secreción de la rana. Entre los procesos que se han realizado se destaca la secuenciación de más de 35 péptidos. Solo del género Agalychnis, recientemente se aislaron 21 moléculas y de estas, 15 aún no han sido descritas en el mundo.

Rivera dice que se están realizado investigaciones relacionadas a la leucemia y el melanoma. En estos casos, ha observado que el péptido se pega a la membrana de la célula maligna y la perfora hasta matarla. Un aspecto que sorprende es que las moléculas no atacan a las células sanas.

La investigadora de la PUCE aclara que hasta el momento los estudios se han realizado solo con células aisladas en laboratorio. La idea es poder pasar a una siguiente fase y probarlo en un sistema vivo.

Los especialistas esperan que la actual emergencia sanitaria sea un llamado de atención para que se destinen más recursos y se dé más importancia a este tipo de investigaciones, además de fomentar la protección de sus hábitats.