noticias-antioquia 22 mayo, 2020



Un árbol de limón se ha convertido en el lugar de estudio de Daniela Castillo. A sus 12 años, su padre le construyó un pequeño escritorio en medio de las ramas del árbol. ¿La razón? Este es el único lugar en su casa, ubicada en la vereda San Cayetano, zona rural de Ibagué, en donde tiene señal para ver las clases virtuales.

“Esta es la entrada de mi salón”, dice Daniela en un video mientras muestra el árbol en el que segundos después se sube. “Aquí es donde me coge la señal y donde hago las tareas”, cuenta, ya encima de una tabla de madera que simula ser su escritorio, y agrega que, muchas veces, la lluvia no le permite cumplir con sus deberes.

“Nunca pensé que tendría que subirme a un palo de limón para estudiar”, narra en el video que hizo viral su caso.

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Daniela Castillo estudia sobre un árbol de limón que es el único lugar en su casa con señal.

Daniela es estudiante de la Institución Educativa San Bernardo, de Ibagué. Los 346 estudiantes que pertenecen al colegio provienen, en su mayoría, de familias campesinas y habitan en veredas donde la señal del internet es débil y, en muchos casos, nula. Otros, en cambio, no tienen los implementos para estudiar, como un computador o un celular.

Alejandra Rodríguez vive en Santa Rita, otra vereda cercana. Ella estudia junto a otros diez niños en un computador que les presta un vecino. Se tienen que turnar, pues son de diferentes grados.

Alejandra, Daniela y otros niños hacen parte del 60% de los 346 estudiantes en San Bernardo que, desde el inicio de la cuarentena, han visto las clases de manera intermitente, según cuenta Javier Florido, rector de la institución.

Niños IbaguéNiños Ibagué

Alejandra Rodríguez debe rotarse el único computador que tiene para estudiar con otros nueve niños de su colegio que también lo utilizan. 

“Algunas de las cosas que tienen que hacer los niños es subirse a árboles o caminar hasta lo alto de las montañas para conectarse. Haciendo sol o lloviendo ven las clases en la intemperie. En medio de estas jornadas, uno de los niños fue picado por un alacrán”, narra Florido.

Hernán Santiago Rojas, de 12 años, vive en la vereda La Flor y tiene que ir hasta la casa de su abuela, quien le presta un pequeño celular, para ver las clases.

“Necesitamos celulares o computadores, porque yo quiero salir adelante y ser alguien en la vida”, dice el niño en un video, en el que muestra el lugar en donde estudia.

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Santiago Rojas muestra hasta dónde tiene que ir para poder estudiar con el celular de su abuela. 

“En las fincas donde tienen señal, muchos de los padres han optado por pagar recargas de internet. Una opción que se vuelve poco rentable, pues el estudio es, mínimo, de ocho horas y cada recarga dura una”, cuenta el rector de la institución.

Los hermanos Juan David y Juan Diego Villanueva, de grado octavo, también aparecen en un video y piden ayudas para poder conectarse.

De acuerdo con su testimonios, el único operador de internet que funciona en la zona es Claro. Sin embargo, la cobertura es poca. Ellos piden colaboración para “quienes quieran ayudarnos a cumplir nuestros sueños de seguir adelante”.

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Tres niños de la zona rural de Ibagué piden ayuda para poder continuar con sus clases virtuales. 

A raíz de la situación, el colegio ha optado por implementar las clases mediante llamadas telefónicas o WhatsApp. Otra de las soluciones ha sido la repartición de guías impresas. Esta última es una alternativa que es dirigida por la Secretaría de Educación de como respuesta a las dificultades de conexión en las zonas rurales de Ibagué.

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El rector Florido, además, deja claro que las necesidades van más allá de proveer de computadores, tabletas o celulares a los niños.“No es simplemente que se entreguen las herramientas, pues, si no tienen acompañamiento del docente, no se puede fortalecer el aprendizaje”, señala.

Nunca pensé que tendría que subirme a un palo de limón para estudiar

En la ruralidad, los profesores también han tenido problemas de adaptación a esta modalidad virtual. Andrés Fabian Hurtado, alcalde de Ibagué, cuenta que este proceso les cambió la vida a los maestros. La adaptación a las clases virtuales implicó una serie de capacitaciones para que pudieran difundir el conocimiento.

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El funcionario también es consciente de que la parte más crítica durante la cuarentena ha sido “el acceso a las plataformas, los equipos tecnológicos y el acompañamiento de los padres para la utilización de estas herramientas”.

Desde la Gobernación y la Alcaldía se ha optado por implementar una educación desde diferentes frentes: emisoras locales, plataformas digitales, libros y guías impresas.

Próximamente se estarán instalando diferentes puntos de conexión de internet para que los niños se puedan conectar.

Desde la Junta de Acción Comunal de San Cayetano, le exigen a la Alcaldía de Ibagué ser tenidos en cuenta para estas ayudas. La institución respondió que se mirará su solicitud para el plan de necesidades que se encuentra en espera de asignación de recursos.

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Las dificultades para las clases virtuales en la ruralidad están lejos de ser un problema solo en Ibagué. De acuerdo con el Dane, únicamente el 9,4% de los hogares en zonas rurales del país tiene un computador de escritorio, portátil o tableta. En este caso, solo en el departamento del Tolima, se reportan 64.383 estudiantes de zonas rurales, según cifras de la Gobernación.

Tras iniciada la cuarentena, quedó expuesta la compleja situación para quienes habitan en zonas rurales. En respuesta a la situación, el 23 de marzo, el Ministerio de Tecnologías impulsó el decreto 464 de 2020, que estipula que los servicios de telecomunicaciones son bienes públicos esenciales. Además, exige a los proveedores de internet que garanticen un mínimo para poder navegar y enviar mensajes gratuitos.

Durante la pandemia, el grupo de investigación Pedagogías de la Lectura y la Escritura, de la Universidad Javeriana, demostró que, en el 96% de los municipios del país, menos de la mitad de los estudiantes tienen acceso a estas herramientas que son necesarias para la educación virtual. Esto ocurre aún siendo la educación un derecho en la Constitución.

A Daniela una empresa brasileña decidió ayudarla con un computador y una antena para tener señal. Sin embargo, sigue sin poder estudiar con comidad, pues la conexión no es lo suficientemente buena para alcanzar a obtener la señal.

MARIANA GUERRERO 
Tendencias EL TIEMPO 
@marguealv

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