noticias-antioquia 8 abril, 2020



Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recomiendan usar cubiertas de tela para la cara en lugares públicos donde otras medidas de distanciamiento social son difíciles de mantener (por ejemplo, supermercados y farmacias).

Los CDC basan su consejo en la necesidad de retrasar la propagación del covid-19 y lograr que las personas que pueden tener el virus y no lo saben, no lo transmitan a otros.

Según los CDC, las mascarillas de tela hechas en casa con materiales comunes se pueden usar como una medida de salud pública voluntaria adicional. Se advierte, eso sí, no colocarlas a niños menores de 2 años, personas con problemas para respirar o que estén inconscientes, con discapacidad o que no puedan quitarse la mascarilla sin ayuda.

Las cubiertas de tela recomendadas no son mascarillas quirúrgicas, ni las N-95, que incluyen respiradores. Esos son suministros deben continuar reservados para los trabajadores de la salud y ambientes de emergencia y hospitalización.

El médico Alfredo Olmedo, ex director nacional de Vigilancia Epidemiológica, aconseja que las mascarillas caseras sean elaboradas con tela gruesa tipo bufanda. Recuerda que estas prendas dejan pasar entre un 40 y un 90% de micropartículas (el resultado es mayor mientras el tejido sea más compacto). Esto demuestra que hay finalmente cierto porcentaje de protección.

Olmedo recomienda estar conscientes de la limitación: “puede dar una falsa sensación de seguridad, lo aconsejable sigue siendo quedarse en casa y lavarse las manos”. Para Olmedo, no tendría sentido usar una mascarilla casera para conversar con un enfermo o para ingresar a un hospital, en entornos clínicos no es recomendable, pero si no queda otra alternativa para salir a la calle los estudios las avalan, aunque da igual una mascarilla casera o una bufanda sobre la cara.

Olmedo precisa, además, que las mascarillas caseras deben ser lavadas de forma continua, una vez al día, con detergente y agua caliente. Hay que tener la precaución de lavarlas y secarlas solas, lejos del resto de prendas.

Las personas deben, además, tener cuidado de no tocarse los ojos, la nariz y la boca al quitarse la mascarilla de la cara, y lavarse las manos inmediatamente después de hacerlo. Pese al escaso nivel de protección de una mascarilla casera, este puede hacer la diferencia.

Un estudio del científico Roman Wolfel y su equipo de investigadores, publicado esta semana en la revista Nature, muestra que las personas son más infecciosas en la primera semana después de atrapar covid-19. Durante ese tiempo, a menudo muestran pocos síntomas o ninguno. La mejor manera de asegurarse es, según el científico, usar una mascarilla y mantenerse alejado de los demás. Para Wolfel está claro que casi cualquier tipo de tela simple que cubra la boca, como una mascarilla hecha en casa, o incluso un pañuelo, puede detener al virus.

El estudio enfatiza que debemos centrar nuestros esfuerzos en frenar la propagación de las gotas salivales, porque el virus se transmite, principalmente, a través de pequeñas gotas de saliva expulsadas cuando hablamos. No se ven, pero están ahí. Esas gotas pueden alcanzar los dos metros de distancia. La investigación, apoyada por el virólogo ganador del premio Nobel Harold Varmus, dice que colocar una capa de tela frente a la cara de una persona, aunque no detenga todos los virus, tapa el 99% de las gotas, y las gotas pueden estar cargadas de virus.

Harvey Fineberg, experto en enfermedades infecciosas emergentes y salud del siglo XXI dirigió un comité de expertos que acaba de publicar un trabajo que explica que el virus puede propagarse, a través de la conversación o incluso la respiración. El profesor David Heymann, asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aconseja que al usar una mascarilla, esta debe estar holgada, no tan ajustada contra la cara. Según él, se puede bloquear así hasta el 100% de las gotas de coronavirus y el aerosol.

Existe un gran abismo entre lo que muestra la ciencia y lo que están haciendo muchos países. Muchas personas infectadas ni siquiera saben de la importancia de las mascarillas y no son muchos los gobiernos empeñados en imponerlas. Esto a pesar de que los países con uso forzado de los tapabocas muestran tasas de mortalidad dramáticamente más bajas en comparación con los países que no los usan ampliamente.

Un gran desafío es que el uso de las mascarillas solo tiene sentido cuando la mayoría de las personas las ocupan. Un análisis de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) estima que cuando el 50% de la población usa mascarillas, la transmisión del virus se reduce a la mitad. Es por eso que muchas jurisdicciones han adoptado leyes que obligan al uso de mascarillas a las personas que se encuentren en lugares concurridos, como el transporte público o las tiendas.

Otras disposiciones van más allá y requieren el uso de mascarillas para todo momento en público. Las mascarillas, concuerdan todos, no sustituyen otras precauciones, las complementan. Prevenir la transmisión del virus de individuos asintomáticos es probablemente el principal beneficio de una adopción más amplia de estos elementos. Corea del Sur, Japón y Taiwán, se encuentran entre las naciones que más éxito han tenido en contener la propagación de la epidemia.

La tasa de crecimiento diario de casos es del 18% en países sin normas sobre mascarillas y del 10% en países con tales reglas. El crecimiento de las muertes a causa del virus es del 21% en países sin normas sobre tapabocas y del 11% en naciones con tales disposiciones. Sin embargo, estas cifras no son definitivas, pues los primeros países instituyeron también otras políticas que contuvieron la propagación del covid-19 (como las pruebas generalizadas en Corea del Sur).

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