noticias-antioquia 8 diciembre, 2019



Ecuador llegó a la Cumbre del Clima COP25 con la presentación de un Plan de Descarbonización al 2050, la propuesta de focalizar el subsidio a los combustibles fósiles y con las metas que plantea cumplir desde el 2020 al 2025.

Conocido como Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), este último es un documento que es parte de los compromisos que deben presentar los firmantes del Acuerdo de París.

En el caso de Ecuador, el objetivo es alcanzar un 9% menos de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero proyectadas para el 2025. Esto se aplicaría en los sectores de Energía, Agricultura, Procesos Industriales y Residuos.

René Parra, docente investigador de la Universidad San Francisco de Quito, explica que de las 55 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2 eq.) emitidas en el mundo en 2018, la contribución de Ecuador representa entre 0,1% y 0,3%. El sector de la energía es el mayor emisor en el país y la matriz energética todavía depende de combustibles fósiles.

Según el último Balance Energético Nacional, que presentó el Gobierno en el 2017, un 88% de la energía provino del petróleo. En cuanto a la generación de electricidad, considerando todo el parque del Ecuador, tanto el Sistema Nacional Interconectado (S.N.I.) como los Sistemas No Incorporados, para el año 2019 se registró un 63,98% proveniente de las fuentes renovables.

Esto muestra un incremento de la dependencia en renovables en comparación a lo que ocurría hace 10 años. En el 2009, la electricidad proveniente de estas representaba un 48,44%. Parra estima que actualmente se emiten 190 gramos de CO2 por kilovatio hora. Esta cifra aún es casi tres veces mayor que el valor que se ha planteado como objetivo en el Acuerdo de París, que corresponde a 65 gramos de CO2 por cada kilovatio hora de electricidad. Para alcanzar la meta, se debería utilizar solo un 9% de electricidad proveniente de centrales térmicas.

Para Parra, no se trata solo de incrementar la cantidad de hidroeléctricas. Es necesario evaluar los potenciales efectos del cambio climático en la capacidad de generación de estas. Asimismo, dice, es necesario mejorar la eficiencia en la generación de electricidad de las centrales térmicas.

Eduardo Rosero, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Energías Renovables y Eficiencia Energética, considera que el desconocimiento técnico, la falta de experiencia sobre la incorporación de energía renovable no convencional y la intermitencia en su disponibilidad causan recelo en las autoridades. Para Rosero, existen iniciativas que podrían impulsar el uso de energía solar y eólica. Estas últimas no han tenido auge en el país.

Uno de los impulsos es la regulación que entró en vigencia en octubre de 2018, por la cual se autoriza las nuevas instalaciones de microgeneración fotovoltaica para autoconsumo en el sector residencial, comercial e industrial. El problema, dice, es que el trámite que exige esta regulación para obtener la aprobación de este tipo de instalaciones ha causado que la idea todavía “no termine de despegar”.

Los especialistas coinciden en que los esfuerzos deben dirigirse al sector transporte con el mejoramiento de la calidad de diésel. Tarsicio Granizo, director del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Ecuador y exministro del Ambiente, considera que la eliminación del subsidio al combustible es necesaria, pero debe hacerse de una forma organizada y focalizada para no afectar a las personas con menos recursos. Granizo espera que el Plan de Descarbonización 2050 promueva la lucha contra la deforestación e incentive el uso de movilidad eléctrica.

Según datos de la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador, en el 2018 solo un 2% de las ventas de vehículos correspondió a híbridos y 0,1% a eléctricos.

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