noticias-antioquia 23 octubre, 2019



Una joven madre de dos hijos originaria de Utah (EE.UU.) estuvo en coma por 11 días luego de haber contraído una bacteria carnívora. Los médicos determinaron que lo único que podían hacer por salvar su vida era amputarle el brazo y así lo hicieron. 

Según informa el tabloide británico Mirror, Keirra Eames, de 26 años, pensó que se había dislocado el brazo mientras dormía tras haberse despertado con un fuerte dolor. Tiempo después desarrolló síntomas similares a los de una gripe. Cuando su temperatura corporal subió acudió al hospital. 

Tras un examen de sangre y una intervención quirúrgica con la que se buscó determinar qué ocurría con la mujer, los médicos descubrieron que padecía una infección conocida como fascitis necrotizante o gangrena.  En su caso, su tejido corporal murió como consecuencia de una infección bacteriana. 

De acuerdo con Mirror, la mujer sufrió un choque séptico por la infección y la única posibilidad que tuvieron los médicos de salvar su vida era por medio de una amputación de su brazo. Nueve meses después del proceso, la mujer cuenta que los doctores le removieron el 40% de su extremidad, sin embargo, esto no mejoró su condición y la infección no se iba de su cuerpo. 

“Mis órganos estaban fallando y tenía líquidos en mi cerebro. Los médicos intentaron reducirlos con cirugía, pero en cuanto me acostaron mi cabeza se puso de color morado”, dijo la mujer en declaraciones citadas por el medio británico. 

Para empeorar la situación, en el brazo de la mujer que no estaba infectado se desarrollaron tres coágulos de sangre, por lo que Eames tuvo que ser transferida a otro hospital en el que su condición tampoco mejoraba. Los médicos, dice, consideraron amputar por completo sus dos brazos, pero su esposo se negó, por lo que solicitó que se le realice  una nueva cirugía para remover los coágulos. 

Según Eames, “los médicos advirtieron que podía no sobrevivir a otra cirugía”. Por ello, su esposo tuvo que firmar un documento en el que liberaba de responsabilidad al hospital si la mujer no salía con vida del procedimiento. Mientras esto ocurría “los dedos y la mano de mi brazo ‘bueno’ se estaban poniendo de color negro” y la mujer estaba en una condición delicada. 

Dos días después de la segunda cirugía la mujer abrió sus ojos y se dio cuenta que había pasado inconsciente por 11 días. “Me desperté en cuidados intensivos sin recuerdos de cómo llegué o por qué estaba allí”, recuerda. Cuando notó que su brazo había sido amputado lloró. 

“Me costó lidiar con la situación y entender todo lo que había pasado”, dice la madre, “se sentía irreal. Una noche me fui a dormir como siempre y a la siguiente había estado luchando por mi vida”. 

Luego de haber pasado 10 días más hospitalizada, Eames, fue transportada a un centro de rehabilitación. Allí trabajó más de dos semanas junto con un terapeuta.

La mujer no podrá tener una prótesis para reemplazar a su brazo pues, según sus palabras, esta no tendría de qué sostenerse. Por ello ha tenido que aprender a adaptarse a su nueva vida. Asegura que lo no podría hacer sin el apoyo de sus hijos, Ryder de seis años y Dash de dos años, quienes son “mis motivadores más grandes”. 

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